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    January 29

    Tic-tac, tic-tac (III).

    Perdida la noción del tiempo, decidió que no podía quedarse allí parada. No conseguía recordar nada de lo que habría podido traerla aquel inhóspito palacio de cristal helado. Realmente, no conservaba ningún elemento en su memoria anterior a su caída. Y ya se sabe que sin ella, no somos nadie. Tan solo una marca en su brazo, que parecía hacía años que había cicatrizado, realizada con el corte de algún arma blanca la identificaba: Achlys. Se pasó la mano varias veces mientras su cabeza intentaba descifrarla.

    - ¿Ach-Achlys? Ese es mi nombre, ¿no? - fueron sus segundas palabras.

    En su interior, aunque ella lo negase, quería oír una respuesta afirmativa. No obstante, no tuvo esa suerte.

    Se acercó a una de las ventanas que adornaban la habitación. A través de ellas, vio que afuera la naturaleza estaba debastada y cubierta por nieve, en una tormenta total que azotaba la tierra.
    Siguió con la mirada fija en los rayos que caían del cielo sobre los pocos árboles que quedaban en pie, y la bravura con la que el mar rompía contra las olas.

    De repente, la única salida que se encontraba al fondo del espacio se entornó un poco... y aquel olor tan repugnante salió para invadirla por completo. "Si estoy aquí es por algo que hice, ¿verdad? No sé si me escuchas, pero iré hasta allí", pensó para sí mientras se acercaba examinando todo lo que había a su alrededor. Lo último que se preguntó antes de adentrarse fue por qué no había un solo mueble, ni un cuadro, ni alguna decoración... Solo hielo.

    Tic-tac, tic-tac (II).

    Se despertó con una sensación pegajosa en sus ropas y en su rostro. Sin abrir los ojos, no todavía, había comenzado a palpar con sus manos suavemente la superficie en la que se encontraba justo cuando sintió un fuerte hedor proveniente del interior del lugar.

    Se animó un poco, temerosa, a seguir adelante. Lentamente levantó los párpados y vio lo que jamás se esperó: parecía ser su mayor pesadilla... Quedó petrificada ante tal acontecimiento. ¿Qué más sino podría ser? Una gran sala, tal vez correspondiente a la de un sobrio comedor, se alzaba ante ella. Parecía estar construida en su totalidad con mármol, pero era muy resplandeciente como para serlo... y también demasiado fría. Acarició con suavidad el suelo aún sin incorporarse del todo, y enrojeció debido a las bajas temperaturas que la aclimataban. Se apoyó en una columna cercana a ella para intentar levantarse, pero el efecto fue el mismo.

    - Hielo... - susurró.

    Dirigió una mirada incrédula a su alrededor, envuelto en una capa de hielo que llegaba hasta el techo. El vaho salía de su boca a cada respiración mientras se encogía sobre sí misma e intentaba buscar en su memoria algún recuerdo de ese lugar.

    January 28

    Y así, y ya está.

    Enganchada a viejas pasiones,
    se deshace de sus penurias.
    Acomoda en
    su maleta
    un par de fotos, un par de historias,
    un otoño sin fin, un invierno sin retorno.

    Amarrada a un fondo de hielo,
    taciturno, helado, moribundo,
    y sobre él, el mar que amarga.
    La eternidad la agota,
    y nada entre olas de hierro y márfil.


    Prisionera del tiempo y del espacio,
    aguarda en su cárcel, atada,
    la que afirman que es su morada.
    Pero un día el tiempo murió
    y el espacio se acortó.

    Cortadas sus cadenas,
    los sueños vuelven a ella.
    Las ganas de sentir, de emocionarse,
    buscan el sendero aún no olvidado.
    Todo sabe a libertad.

    Y recogió su maleta, casi vacía,
    no porque no hubiese lugar para más,
    no porque no hubiese nada que agregar,
    sino porque se quedó escondido,
    encerrado con sus entrañas.

    Cogió el primer tren que llegó.
    No se fijó en su destino,
    ni cómo volvería algún día,
    tan siquiera en si lo haría.
    Tal vez Londres, tal vez París.