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    November 27

    Va por ti, Sida.

    Ha nacido un niño en algún lugar de África

    El vientre de Ngaya está muy abultado. Más que abultado. Parece a punto de estallar en cualquier momento. Ella lo aprieta con las dos manos y mira implorante a las mujeres que la asisten. Su propia madre, la hermana mayor y la hermana menor de ella, una vecina, la curandera... Tienen sobrada experiencia. Su madre ha tenido nueve alumbramientos, sus tías catorce entre las dos, su vecina cinco y la curandera ha atendido a cientos de partos en el pueblo. Todo está bajo control.

    Pero a Ngaya se le antoja que no, que le duele mucho, que tiene el vientre demasiado hinchado y, además, es su primer hijo. Está demasiado delgada para sentirse fuerte. Y demasiado asustada como para pensar que todo vaya a salir bien pese a las palabras de ánimo de quienes la asisten. Su madre perdió a su primer hijo. Sus tías perdieron a su primer hijo. Una prima se perdió a sí misma. Y tenían su misma edad.

    ¿Cuándo dejó de jugar con muñecas para convertirse en esposa de Gah y madre de lo que lleva en su seno?

    -Me... duele...

    -Aguanta, ya casi está afirma -su madre.

    -Dilatas bien -le asegura la curandera, que incluso ha atendido partos en el puesto de la Cruz Roja de la ciudad.

    Ngaya se contrae, domina un grito de dolor, se aferra a sus manos. El sudor que le cae copiosamente forma ríos alborotados sobre su negra piel. Las lágrimas ya no son reprimidas y se unen a él. Está desnuda, con los pechos ya hinchados por la leche, a la espera de la boca que deberá amamantar.

    -¿Dónde está... Gah? -pregunta.

    -Afuera, con los hombres -dice una.

    -Esto no es cosa suya -asegura otra.

    -Preocúpate de ti -tercia una más.

    Gah se enfadará si el niño nace muerto. Gah se enfadará si no es niño y aparece una niña. Gah es fuerte, y la escogió a ella por ser joven y parecerlo. Gah tiene el doble de años que Ngaya. Y luchó en...

    -¡Ah...!

    -Ya llega.

    -Empuja.

    -¡No... puedo...!

    -Sí puedes.

    -Respira.

    Las obedece. Respira. Expulsa el aire. Vuelve el dolor.

    -¡Ah...!

    -Las contracciones son regulares.

    -Todo va bien.

    -Aprieta, vamos, ya quiere salir.

    Y aprieta, y empuja, y aprieta, y empuja, con todas sus fuerzas. Y mientras lo hace piensa en cosas alegres y bonitas. Piensa en lo feliz que será con su hijo. Piensa en que por fin las demás mujeres la miraran con respeto, pues será madre al fin. Tres años desde la boda era demasiado. Comenzaba a ser muy sospechoso. Todo irá bien. Todo irá bien. Todo irá bien.

    -Ya asoma la cabeza.

    El dolor es intenso. La curandera se lo dijo: demasiado delgada. Tiene poca cadera, poco por donde ceder. Hay un riesgo. Ahora ya es tarde para hacer otra cosa que no sea la que está haciendo: seguir adelante. Es el día.

    -Un poco más, un poco más...

    Grita por enésima vez. Y el alarido las atraviesa de parte a parte. Ngaya siente un cuchillo abriéndola en canal. Peor aún: siente un hierro al rojo hundido en su sexo hasta el punto de que la brasa la devora por fuera y por dentro. Amenaza con quemarla por entero. Tanto dolor concentrado la lleva a la rabia como último asidero para no sucumbir.

    -Tengo la cabeza.

    -Ya está, Ngaya, un esfuerzo más.

    -El último.

    No reconoce las voces. Tiene los ojos cerrados y empuja hasta el límite. Tanto le da quien le hable. El tiempo se hace eterno.

    -¡Tira!

    -¡Ya!

    -¡Sí!

    El fuego la lame por última vez. Es el fin. El dolor definitivo. De pronto, casi unido a lo anterior, lo que siente es todo lo contrario, la sensación de paz más hermosa que jamás haya experimentado, el alivio más dulce, la calma más absoluta.

    -¡Es un niño! -le susurra su madre al oído.

    ¡Un niño! ¡Gah se sentirá feliz!

    Ngaya aún espera. No quiere abrir los ojos. Falta el momento más esencial. Vuelve a dilatarse el tiempo. Escucha el cachete. Pausa. El segundo cachete. La segunda pausa. Y con el tercero... El niño llora. El niño grita que está vivo.

    Entonces sí, Ngaya abre los ojos y mira por primera vez a su hijo, apenas una bola de carne menuda y negra cubierta por la sangre y los restos de la celda en la que ha vivido durante nueve meses. Lo están secando. Extiende los brazos con avidez y acaban depositándolo en ellos. Alguien sale al exterior y da la buena nueva. Se oyen sus voces exultantes:

    -¡Es un niño, y está bien! ¡Es un niño precioso, y está muy bien!

    Ngaya lo besa. Ahora entiende que este es el día más feliz de su vida. Gah no le reprochará su infertilidad. Gah no le hablará de las mujeres que ha conocido antes. Gah olvidará la guerra y todo lo que no sea la paz de su hogar.

    -Mi... hijo... -llora de alegría.

    Todo es hermoso. Todo. Su hijo, el futuro. Sabe que será una buena persona, inteligente, capaz, valiente, generoso. Lo sabe porque es su madre, y porque así ha de ser. No tiene dudas. Sin esperanza no queda nada.

    Las mujeres se apartan. Entra Gah. Ngaya le dirige una mirada cómplice, revestida de orgullo. El hombre se acerca para examinar a su hijo. Primero, el sexo, lo toca los testículos. Después las manos, los pies. Asiente con la cabeza. Lo aprueba. Luego la vuelve y dirige la vista hacia la entrada de la tienda, donde están los otros. Vuelve a asentir. Hay aplausos y vítores. Será un día de fiesta y correrá el vino. Sí, Ngaya está segura de que el futuro será de ese niño.

    Todo se detiene cuando el niño estornuda.

    -¡Buena señal! -aplaude la curandera.

    -Hay que taparlo -exige la madre, ahora abuela del bebé.

    Es curioso. Los paños están mojados, de sudor unos, de sangre otros. Alguien saca el periódico y lo acerca al jergón de paja. Un periódico. Un periódico nuevo y reciente, se nota. Un bien extraño allí. Pero todo sirve. Todo es útil. Quizás ni se sepa cómo ha ido a parar al poblado, en qué camino pudo perderlo un turista o de qué forma lo echó a un cubo de la ciudad. El periódico aparece y eso es todo.

    Le quitan las páginas, como si fuera una cebolla, y envuelven al niño, lo protegen. Las hojas no son ásperas. Nadie repara en ellas. En el fondo da igual. Gah no sabe leer. Ngaya tampoco. Además, el periódico está escrito en una lengua extranjera, tal vez inglés, tal vez francés, tal vez español. Eso es lo de menos.

    Así que no reparan en el artículo. El texto que queda casi encima del niño. ¿Para qué? Hoy es un gran día para todos, y nada, nada, puede cambiar eso. Nunca sabrán lo que dice ese artículo. Y cuando se enfrenten a ello... ya dará igual.

    El niño 7.000 millones nacerá en algún lugar de África el próximo viernes, será varón, desde el mismo momento de llegar a este mundo deberá 972 dólares al FMI a causa de la deuda externa de su país, empobrecido por la guerra, sus padres morirán prematuramente y su esperanza de vida sería de 47 años en circunstancias normales, pero él, como ellos, tendrá sida, y será portador del virus desde el mismo instante de nacer.

    Kenia, 1995 - República Sudafricana, 1998 - Tanzania, 2001

    Sida. El terror de los 80, la angustia de los 90, la epidemia de comienzos del nuevo siglo. Media África se muere sin remisión y sin medicinas. En el primer lustro del siglo XXI, el 70% de los contaminados en la Tierra se concentra en el continente negro. Setenta mil niños nacen ya ceropositivos en Sudáfrica cada año y uno de cada diez habitantes del país tiene el virus, una cuarta parte de la población de Botsuana está infectada, cinco millones en Sudáfrica, tres millones y medio en Nigeria, un millón trescientos mil en la República Democrática del Congo... En Zimbawue el sida ha dejado también a setecientos ochenta mil niños huérfanos, seiscientos sesenta mil en Sudáfrica, quiniestons setenta mil en Zambia... Fuera de África, la espiral sigue, como los diez millones de casos destapados en China tras años de bloqueo informativo, secretismo, marginación, horror y espanto. Cada país tiene sus propios secretos, su incultura social y religiosa. Y la espiral no se detiene.

    (Material Sensible)


    November 24

    Fingiendo ser lo que no te tocó.

    Disfrutas fingiendo ser la princesa

     de un cuento de hadas que ya terminó

     Esperas a que aparezca tu príncipe azul

     con una falsa sonrisa pintada en tu cara

     una corona de plástico en la mano

     con lágrimas naciendo de tus ojos

     ¡Despierta de una vez!

     Es hora de que vuelvas a la realidad

     De que vivas todo aquello que has perdido

     por esperar un sueño que sabías que jamás iba a llegar

     No te quedes viviendo en el pasado porque será tu peor error

      lo sabes

     Tú eliges:

     una vida de sueños imposibles

     o una vida de duras realidades.

    November 23

    ¿Es tan perfecto cómo creías?

    Todos creen en el amor ideal, ese que dura para siempre, ése en el que amas más que a tu propia vida, ese amor perfecto que todo ser humano desea y cree encontrar...

     

    Pero yo ahora te pregunto:

      

     ¿Un amor perfecto en un mundo imperfecto? 

     

    [J.a.m.á.s]

     
     
     

    November 19

    Te lo regalo.

    Sólo decidme, ¿para qué quiero un corazón, un alma o una vida si puedo causarte desesperanza cada vez que yo quiera?

     

    -          Las personas como yo no deberíamos tener corazón.

    -          ¿Por qué? – oí preguntar a alguien a lo lejos.

    -         Porque somos seres sin sentimientos, sin alma, sin vida. Nuestro único alivio en este mundo es ver a las personas que más queremos sufrir.

    -         ¡No lo entiendo! – la voz me respondió, lejana.

    -         Jamás lo harás. Tú tienes todo lo que puedes desear, yo sólo la satisfacción de ver a todos morirse por mí, para que luego este corazón me duela y me haga sentir el año que les hice.

     

    La voz no me respondió. Jamás volví a oírla y me quedé sola otra vez. Mis lágrimas comenzaron a caer pero a la vez una extraña sonrisa aparecía en mi rostro. Seguro que la hice sufrir, pensé. 

     

     


    November 15

    I only wanted to be with you.

    I’m sad but I don’t know why. The sadness left me I don't remember when I discovered the sadness is you.

    I’m alone. Tell me why... The solitude isn’t here now. I had to remove it because you are the solitude.

     

    I’m in the throes of death. I don’t know to understand. The agony disappeared far away so it returned to me again too soon. You are here; you are the agony, my agony…

    I’m afraid. I only can wait. The fear is this one to my side. I can’t hold up no more. I see the fear on you; it lives in your soul.

    I’m weak. I need you. The weakness is near...it will be in other please some day but today the weakness is with me: you are with me...

    I’m dead, I know. You could with me and won my life... The death and you guided me to the end...

    November 10

    Olvido.

    Intento alejarme y a la vez me estoy muriendo. No puedo mirarte a los ojos sin sentirme solo, en un abismo que me quema por dentro. Sé que aun sigo sufriendo y que nunca voy a estar contigo. Todo aquello acabo hace mucho tiempo. Ya jamás podrás ser el abrigo que me cubra de este frío insoportable que se apodera de mí en tu ausencia. Intento olvidarte cuando apareces al instante a mi lado. Quiero despertar de este sueño incesante que me aturde a cada momento y saber por qué siempre fracasa mi objetivo de olvidarte. Tú eres mi dolor porque sin ti, simplemente, no puedo cumplir mis sueños. Se perfectamente que, aunque tome otro camino, nunca evitare esta impotencia, dolor y ganas de abrazarte otra vez. Ahora, una vez pasado el tiempo, dime por qué no puedo deshacerme de mis recuerdos compartidos, por qué sufro un vacío cuando cierro mis ojos cada noche, que debo hacer para sacarte completamente de mi vida, de mi mente y de mi alma...