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    November 30

    Ahí te quedas, Soledad.

    La Soledad me miraba curiosa por la ventana, una mezcla entre extrañada y divertida. Esa noche, que ella esperaba encontrarme en mi más infame desesperanza como cada día, como cada anochecer, vio que sonreía.

    Al principio no daba crédito a lo que se transparentaba, creyó que me había vuelto loca; más tarde, se aseguró de que había contemplado bien esa imagen del recuerdo grabada con tinta imborrable para, por fin, deducir que indudablemente había perdido la razón.

    Yo estaba tumbada en la cama, entre sus brazos. Jamás había sido tan feliz. No voy a dar detalles de quién es, ni de sus ojos, ni de su nombre, su lugar de residencia o su sonrisa, ¿qué más da? Tan solo era él y con eso bastaba.

    Sin embargo, la Soledad seguía sin entender el por qué de mis sonrisas, de mis miradas juguetonas a la nada. ¿A la nada? ¡Pero si allí estaba él! ¡Yo lo había visto con mis propios ojos! Y me abrazaba y me besaba como nunca... no podía ser una ilusión.

    Y la Soledad se fue a llamar a las estrellas. Desafortunadamente para mí era muy tarde, les dijo. Las estrellas fueron corriendo al lado de ella para ver qué ocurría. ¡No podía ser verdad!

    Me vieron inmersa en mi felicidad, atónitas.

    - Pero, ¿qué hay de malo en esto? - preguntaron las estrellas.
    - ¿No lo veis? Está besando a la nada, está hablando con algo que no existe, que no ve. Grita que lo ama, pero allí no hay nadie. Ni gestos, ni dulzura. ¿No veis como abraza a su almohada? Definitivamente, no aprendió a vivir. ¿Es que no lo veis? Quería un poco de amor, pero no de esta manera - argumentó la Soledad.

    Las estrellas se empezaron a preguntar por qué decía aquello. Sin duda, allí seguía yo, abrazada a él y entrelazando palabras que no vienen ahora a esta historia. Entonces, ¿a causa de qué se debía todo?

    Ellas comprendieron la realidad. Había encontrado mi camino, mi ilusión. La Soledad que venía a buscarme se había encerrado en mentiras del pasado; sin duda, ella misma se había jugado una mala pasada. Pero yo no iba a volver, se acabó. Y yo la había abandonado, al fin. ¡Qué cruel me siento ahora! Y era la Soledad, la que se había quedado sola.

    November 10

    Y busco.

    Hoy salgo a buscar entre los atascos, o en la población que va y viene por la ciudad con un rumbo preestablecido, pensando en qué viene ahora y no en el sol que luce en ese momento ahí arriba. Y si hace falta entre el estrés y en los grandes montones de folios llenos de apuntes. Y no la encuentro ni en entre los libros, ni al asomarme al balcón en una de esas tardes heladas de enero... ni en ningún lado.
     
    Sigo mirando en todos lados, buscando eso que me hará ser libre. Sigo buscando en todos lados, mirando aquello que me hará sentir otra vez. Sin embargo, el efecto es el mismo: nada.