Sönne's profile.x. Desconecto el c o r ...PhotosBlogListsMore Tools Help

Blog


    December 26

    ¿Quién fue el primero que lo disfrutó? ¿Y el primero que lo odió?

    La luz comenzaba a emanar de los pequeños resquicios que se dejaban entrever desde las ramas de los árboles de aquel tupido bosque. A pesar de su debilidad, fueron suficiente para que sus ojos negros se abrieran por primera vez, dispuestos a descubrir ese nuevo mundo. No comprendía nada de lo que estaba sucediendo a su alrededor y notaba como una ola inmensa de pensamientos abstractos y confusos inundaban su mente, sin saber muy bien qué significaban.

     

    En ese instante, sintió un gran dolor en el pecho que le hacía imposible incorporarse de nuevo. Siguió observando detenidamente aquel cielo improvisado de verde hasta que pareció que el dolor se apaciguaba. Pocos segundos después fue capaz de levantarse, poco a poco, para quedarse anonadada ante aquel paisaje que le era revelado por primera vez.

     

    La joven de cabellos rubios y rizados echó a andar por la espesa vegetación, en busca de una salida a tanta oscuridad. ¿Cómo he podido llegar aquí? ¿Acaso es otra pesadilla? No, en un lugar como éste, no. Es imposible, le decía una voz en su interior para intentar reconfortarla.

     

    A cada paso que daba, la oscuridad iba muriendo. Aquello hacía que aumentara más su seguridad hasta que creyó oír algo entre las ramas de unos arbustos situados a su derecha, lejos de la pequeña vereda por la que caminaba.

     

    - ¿¡Quién hay ahí!? - gritó a la nada, con dificultad. Articular las palabras era aún una ardua tarea. - ¡Si quieres algo de mí, no vas a conseguirlo!

     

    Del mismo lugar, comenzó a elevarse una figura humana, como ella. No hicieron falta más palabras. Se acercó temblorosa, a lo que él respondió dando dos pasos hacia atrás, intentando protegerse de algo que no conocía. La joven siguió hacia adelante hasta que sus manos fueron capaces de examinar el rostro terso y pálido de su acompañante, que cerró los ojos cuando sintió su tacto rozándole la piel. Tras unos segundos, ella se apartó bruscamente. Aquel dolor en el pecho había vuelto de nuevo, dejándola de rodillas en el suelo, inmóvil. Esto provocó que el joven saliese huyendo, sin comprender nada, asustado por lo ocurrido. Pronto los ojos de la ella se cerraron y se sumió en un profundo sueño del que no despertaría hasta varios años después.

     

    ***

     

    Una luz más intensa provocó su segundo despertar. Oía el sonido de las olas romper contra las rocas de la costa y algunas gaviotas volaban por el cielo azul, tan solo poblado por un par de nubes de algodón. Él se encontraba a su lado cogiéndole la mano y, aunque en principio fue incapaz de reconocerle pues su memoria se había debilitado demasiado, recordó esas facciones a la perfección. El tiempo no parecía haber pasado para ninguno de los dos.

     

    - Has dormido mucho tiempo. - le susurró, acercándose a su oído. - ¿Cómo te encuentras?

    - Bien, supongo. - respondió, apretando sus ojos para cerciorarse de que estaba ahí.

    - Cuando te caíste..., yo aún no era capaz de comunicarme muy bien y fui incapaz de ayudarte... Pero lo importante es que ahora estás aquí. - le explicó a la joven, manteniendo una sonrisa que lo ocultaba todo.

    - ¿Qué ha pasado todo este tiempo? ¿Por qué me dormí? Ese dolor era terrible.

    - No puedo responderte a todo eso. Tampoco sé yo mismo qué hago aquí y no consigo recordar nada de mí o de mi pasado. - dijo, algo consternado. - Pero aún estás muy débil y necesitas descansar. Ven, vamos a casa.

     

    No tenía más fuerzas en su cuerpo para continuar con aquello, así que le hizo caso y se dejó llevar, quedándose durmiendo enseguida, rota de cansancio.

     

    Pasaron unos días hasta que la joven estuvo repuesta. Entonces descubrió que su nombre era Odri y aquel extraño chico que la acompañaba era Anel. Durante el tiempo que ella estuvo ausente, le contó el joven, fue lo único que pudo averiguar acerca de su origen. Los días y las semanas corrían cada vez más aprisa mientras que la relación entre Odri y Anel se estrechaba más a pesar de sus grandes diferencias. Odri era un alma triste, a la vez que prudente y sincera. Sin embargo, su peor defecto siempre fue su terquedad y su afán por llevar la razón sea cual fuere. Por el contrario, Anel era todo vida y comprensión; su lado positivo fue algo desquició a Odri desde su vuelta.

     

    Pero pronto esa aparente compenetración se acabó. Odri sospechaba que el joven no era totalmente sincero con ella y no sabía el por qué de ese comportamiento. Durante tres largos días permaneció hostil y más apagada que de costumbre.

     

    - ¿Se puede saber qué te pasa, Odri? - le preguntó finalmente.

    - Que no me gustan las personas que me ocultan las cosas. - contestó tajante.

    - ¿Cómo? Sigo sin saber a qué te refieres exactamente...

    - ¿Que no lo sabes? Entonces, explícame qué pasó mientras yo permanecía en ese sueño dubitativo.

    - Nada... Te conté todo lo que sabía.

    - No me mientas más, por favor. Anel, sé que hay algo que no va bien y debes decírmelo. - dijo, apartando la mirada de Anel y saliendo de su habitación.

     

    Esa misma noche, Anel se acercó a ella dispuesto a contarle todo.

     

    - Hola... - titubeó al llegar a su lado.

     

    No obstante, no obtuvo respuesta.

     

    - Creo que tienes razón, Odri. No puedo seguir guardándome esto.

    - Te escucho. - contestó, con un tono que no animaba mucho a su amigo.

    - Todo empezó cuando te desplomaste en nuestro primer encuentro. Yo no podía hablar ni moverme todavía muy bien; hasta mis pensamientos estaban anulados en esos instantes. Nos despertamos y aparecimos en el mismo momento y eso hace que nuestros lazos sean muy fuertes... Sólo pude echar a correr en busca de algo que pudiese ayudarte pero, sin embargo, fue entonces cuando ese mismo dolor se apoderó de mí y caí. No sé exactamente el tiempo que estuve en el mismo estado que tú y tampoco sé cómo pude salir vivo de él pero luché y conseguí salir de él. Entonces, me sumí en tu búsqueda queriendo creer que aún te mantenías con vida. Y allí estabas, en el mismo lugar donde nos dijimos hola por primera vez y adiós tan pronto... Aunque me acerqué a comprobar si tu corazón latía, intuía que no tenías al igual que yo.

    - Entonces, ¿cómo es que ahora siento mis latidos? - preguntó Odri horrorizada.

    - No me preguntes cómo, pero conseguí crear uno para los dos. Tenía que intentarlo porque, aunque aún tenía fuerzas, sentía como me debilitaba otra vez, poco a poco, y el sueño me invadía. ¿Ves el colgante que llevas ahí? Esa es la mitad de nuestro corazón, lo que hace que siga latiendo...

     

    Odri se fijó en el colgante que llevaba y que no recordaba haber tenido antes de lo ocurrido.

     

    - Por aquella época, encontré a un tercer humano aquí. Me explicó un poco sobre nuestro pasado, antes de intentar acabar con mi vida. Decía que seríamos la causa del final del mundo. Por aquel entonces, aún no poseía los colgantes que nos unen así que no entendía cuando me hablaba del amor como un ser terrible y devastador que acabaría con todos nosotros. También me habló de algo llamado sentimientos y libertades, pero no soy capaz de recordar muy bien qué me dijo; hace tanto tiempo de eso... Aún no he sigo capaz de saber qué es todo aquello de lo que me habló ese anciano. Lo más curioso, es que no apareció nunca jamás porque...

     En ese momento, Odri besó por primera vez a Anel y fue entonces cuando sus colgantes empezaron a brillar con un azul hielo intenso. Desde aquel entonces, el ser humano conoció el amor, los sentimientos y poco a poco él mismo se creó su propia destrucción. Con el paso del tiempo, Odri y Anel empezaron a envejecer contando desde que sus labios se conocieron.


    December 09

    ¿Por qué?

    Miré por la ventana mientras la lluvia caía al vacío esperando su final. Miles de preguntas sin respuesta rondaban mi cabeza en aquel momento: ¿Por qué nuestro rostro se vuelve triste cuando el cielo se viste de gris y llora sin cesar? ¿Por qué mis ojos se unen a él y la melancolía invade mi cuerpo? ¿Acaso poseerá algún poder hipnótico que me obliga a mantener la vista, observando cómo se empapa poco a poco Barcelona?

     

    Me sequé las pocas lágrimas que quedaban resbalando por mis mejillas y volví a mi escritorio en busca de algo, revolviendo los cajones nerviosa. Por fin, después de desesperantes minutos hallé aquello que tanto ansiaba: Un viejo sobre, pintado de un amarillo pálido por el tiempo, lleno de olvidadas fotografías. Algunas de ellas estaban pegadas con celo uniendo los trocitos que yo había roto hacía tanto, tanto que no lograba acordarme. Saqué cualquiera al azar y allí estábamos ella y yo. Sonriendo sin parar, mirando al objetivo de la cámara para inmortalizar ese momento.

     

    Había un montón de ellas y fui examinando una por una: aquella que habíamos hecho en nuestro viaje a Londres, con el Támesis detrás bañando la ciudad; las que tomamos cuando fuimos a Praga, aún soy capaz de recordar aquel frío que hacía para ser agosto y algunas de La India, teniendo al Taj Mahal detrás, expectante a todos los que estábamos allí. Las esparcí sobre la mesa y las observé llorosa otra vez: ¿Por qué tenemos que sonreír en las fotografías? ¿Para qué nos sirve llevarnos esos recuerdos al futuro si sólo nos van a causar dolor? ¿Por qué, a pesar de todo eso, queremos que estén cerca de nosotros? Las recogí lentamente, echándoles un último vistazo, para tirarlas en la papelera que tenía a la izquierda del escritorio.

     

    Me levanté y me dirigí a la estantería del salón, donde rebusqué entre los CD's hasta que lo encontré. No tenía nombre, ni fecha, ni autor y estaba completamente rallado. En su día lo había oído muchas veces, llegando casi a formar parte de mi propia vida. Lo coloqué en la Mini-Cadena y dejé que sonara una canción al azar. Ahora, después de mucho, no soy capaz de acordarme muy bien de lo que decía enteramente pero habrá una parte que jamás olvidaré:

     

    "Why did you write to me this letter?

    Why did you choose this place?

    Why did you break this glass?

    Why did you meet me in this date?

    Why did you cry when you saw me this last time?

    I didn’t know the answer,

    but now I've discovered:

    it was you"

     

    En ese momento, me apoyé contra la pared y bajé despacio hasta esconder la cabeza entre mis rodillas, permitiendo que la canción siguiese. ¿Por qué unas simples palabras bien combinadas pueden cambiar nuestra concepción de la vida? ¿Por qué ellas muchas veces son las que nos regalan una alegría y las que rompen corazones? ¿Por qué todo vale en ellas: desde una carta de amor hasta un adiós definitivo? ¿Por qué nos pueden hacer vivir otra vez o dejarnos muertos en vida? Posiblemente él hubiera querido que yo hubiera seguido componiendo para él, pero me era igualmente doloroso. Permanecí así hasta que las dieciséis canciones terminaron y mis ojos se cerraron sin tan siquiera percibirlo, quedando echada en el suelo mientras el CD se repetía una y otra vez.

     

    No sé cuántas horas pasaron, pero el cielo había abandonado ese gris para convertirse sólo en oscuridad. La música seguía llenando el fondo de la habitación. Me levanté rápidamente y apagué el reproductor, saqué el CD y lo guardé en un sobre en blanco que había comprado dos semanas atrás. En él rezaba una dirección con una caligrafía realmente exquisita. Acompañando al CD, estaba una nota que decía:

     

    "Esto ya no me pertenece, ni a mí ni a mi vida. Es todo tuyo. Adiós"

     

    Lo guardé en el escritorio, a la vez que sacaba un puñado de cartas fechadas en 1929. Aquella historia de amor no le había pertenecido nunca aunque le había servido para afrontar la vida de un modo más melódico.  ¿Por qué la distancia rompió algo que parecía tan profundo? ¿Por qué las apariencias muchas veces nos engañan? ¿Por qué él había preferido su vida de escritor ajetreado a estar con la mujer que supuestamente amaba? ¿Por los sueños a veces pueden arruinar tantas vidas? Cogí la última carta y la saqué. Estaba escrita con pluma negra y algunos tramos de tinta se habían corrido, creí que por las lágrimas de ella.

     

     

    Badalona, 18 de Febrero de 1928

     

    Querida tú:

     

          Después de mucho tiempo, me he dado cuenta de que ya no llenas mi vida. Lo siento, pero esto no puede continuar. Pretendes que deje mi sueño, que es mío y será para siempre así, por algo efímero como es el amor. Sabes de buena mano que nunca creí realmente en él y jamás supe si estuve enamorado de ti y, siquiera, si fuiste alguna vez correspondida por mi parte.

     

          Ahora sólo puedo coger la pluma y escribirte estas líneas. Te ruego que no veas tristeza en ellas, ¡qué va! Tan sólo puede ser el comienzo de algo nuevo, una vida que no te ate a mí para ti y una para mí que no me ate a ti. Intenta mirarlo de ese modo porque creo que así es la única forma de que consigas ser feliz al lado de otra personas o de ninguna, como me ocurre.

     

          A pesar de que mis palabras puedan sonar duras y sin compasión, quiero decirte que nunca saldrás de mi vida del todo y una pequeña parte tuya siempre me acompañará, aunque me odies por esto que te estoy haciendo.

       

          Sólo puedo decirte dos palabras que sé que no solucionan nada pero que ahí quedan: Lo siento.

     

         Siempre tuyo,

    Yo.

     

    P.D: Te devuelvo el colgante que me diste antes de irme de París. Te pertenece y es demasiado valioso para ti como para robártelo. Sé feliz.

     

    La joven había guardado aquellas cartas como un gran tesoro. Siempre se arrepintió de haber tirado aquel collar al Sena, seis semanas después de que él hubiera escrito su última carta. Las encontré en el ático justo cuando me mudé y decidí guardarlas como su propietaria lo había hecho. Me quedé pensativa unos instantes mientras releía algunas más; casi me las sabía de memoria pero había llegado el momento de deshacerme de ellas. Me acosté finalmente agotada por un día tan triste y miserable; creo que fue el peor de todos, ése en el que los recuerdos volvieron por última vez.

    December 01

    Cuando no hay nada más que hacer, ni que decir, ni que pensar.

    Ya he amado,
    y me he desenamorado.

    Ya he intentando

    gritar todo lo que sentía.

    Ya he olvidado
    a personas inolvidables.
     
    Ya he asesinado
    sentimientos que nunca iban a irse.
     
    Ya he ganado
    a la felicidad.
     
    Ya la he perdido
    una y otra vez también.
     
    Ya he logrado
    errores casi inimaginables.
     
    Ya he aguantado
    otros casi imperdonables.
     
    Ya le he llamado
    sólo para oír su voz.
     
    Ya he mirado
    miles de viejas fotos hasta llorar.
     
    Ya he caminado
    todas las aceras de la ciudad.
     
    Ya he dejado
    los malos momentos que me hizo pasar.
     
    Ya he creado
    sueños e ilusiones.
     
    Ya he frustado
    alguno que otro.
     
    Ya he mirado 
    hacia adelante muchas veces.
     
    Ya me he caído
    para después levantarme.
     
    Ya he aprendido
    a dejar el pasado donde está.
     
    Ya he comprendido
    que el presente es lo que importa.
     
    Ya he sabido
    que el futuro no se escapa.
     
    Ya he sonreído
    sin ninguna explicación.
     
    Ya he entristecido
    en mi cuarto solitario.
     
    Ya me he comido
    el mundo día tras día.
     
    Ya he recorrido
    esos lugares especiales para nosotros.
     
    Ya he dormido
    a tu lado la noche entera.
     
    Ya he cosido
    un montón de historias mías.
     
    Ya he conseguido
    todo lo que me propuse.
     
    Ya he permitido
    que me hagan todo el daño.
     
    Ya he aborrecido
    esa dulce canción hasta odiarla.
     
    Ya he sido
    prisionera de la mentira.
     
    Ya he vivido
    como yo siempre he querido.

    Entonces, ¿qué se supone que debo hacer ahora?