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»Sönne«

Sönne ...

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Ella era un paréntesis en su vida que simuló un punto y seguido...
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19 octobre

Volver.

Siempre se ha dicho que cuando eres feliz, no tienes tiempo de pensar en nada. Simplemente quieres disfrutarlo. No, mejor dicho, debes hacerlo. Debes porque esos momentos corren tan rápido que es casi imposible cerciorarse de ello. Es una carrera a contrarreloj.
Es entonces cuando dejas de hacer cosas que antes te parecían apasionantes, las que llenaban el vacío de tu vida cuando no existía dicha felicidad.
Hoy puedo decir, después de casi seis meses de olvido, que he vuelto a mi estado de tristeza permanente. La felicidad se ha ido de cuajo o tal vez sólo eran sentimientos camuflados que me hicieron creer lo que no era.
Fuera como fuese, las palabras vuelven a deslizarse por mi mente con más fuerza que nunca, con ganas de salir a la luz... Hoy puedo decir que he vuelto a mi morada, a casa, al único espacio que puedo llamar totalmente mío dentro de este sandwich de cielo y tierra en el que vivimos. Así como vuelvo yo, vuelven los cambios... De este modo, espero encontrar la forma de un estado permanente. Jamás me gustaron los cambios rápidos y excesivos... jamás. Tampoco sé si alguien sigue entrando aquí, aunque sea para al siguiente click cerrar la ventana... pero estoy dispuesta seguir intentándolo. Sí, aquí estoy de nuevo.

15 octobre

Amistad.

Háblame de pasión, de sentimientos, de vida, de libertad, de todo lo que tú quieras que a ti te falte o que ya no necesites. Busca en mí lo que no has encontrado hasta ahora, un hueco donde sentir que estás seguro de cualquier cosa que se avecine y que eres alguien de una vez. Es muy posible que jamás pueda dártelo, así que no esperes que yo sea tu salvación. Tan sólo estaré aquí para cuando llegue ese ser que sí. Entre las sombras, esperaré...

18 avril

Leyenda.

Afuera llovía con pasión mientras se arropaba con los pocos harapos que tapaban su gris y mate piel. Había encontrado como único refugio una pequeña gruta en la superficie de las rocas que componían una montaña que fue incapaz de descifrar en su camino.

De repente, palpitó su corazón, palpitó otra vez después de mucho tiempo. ¿Mucho tiempo? Calculó quince o dieciséis siglos de tortura sin compasiones. Debido a un gran error del pasado, fue condenada a dejar de volar entre las nubes para ser súbdita de las tinieblas.

Así que Él decidió arrancarle el corazón, lo más valioso de ella, la criatura más extraña jamás creada. Lo bañó en hielo, lo fundió con bordes de plata y oro, mientras la ironía inundaba sus labios, y se lo entregó a modo de collar. A su lado, la herida abierta a carne viva que jamás cicatrizó.

-          Sin él, morirás lentamente. No lo tendrás dentro de ti pero si no posees corazón, será imposible que te mantengas aferrada a este mundo. – rió Él entre dientes.

Y añadió, tras tirarlo de cualquier modo:

-          ¡Ve al exilio, maldita! ¡¿A qué estás esperando?! Lárgate o acabaré contigo sin ser tan piadoso.

Ella nunca respondió. Tan sólo recogió del suelo lo que era suyo a la vez que la sangre embadurnaba el suelo y dejaba caer una lágrima en la prisión que había sido su techo durante su captura y encierro.

Su carga jamás podría ser calmada, ni volvería a sentir el calor del latir en su pecho… O eso le había hecho creer. Era difícil morir; podía tardar días y semanas en expirar su último aliento. Demasiado sufrimiento para cometer tal suicidio, a pesar de dos o tres intentos fallidos. Le había engañado pero, ¿qué esperaba? ¿Realmente había podido confiar alguna vez en su palabra?

Se encogió sobre sí misma perdiendo casi el conocimiento. Los sentimientos volvieron a su alma de un modo excesivamente rápido. Comenzó a temblar y sus ojos se desorbitaban de las cuencas. Tuvo la sensación más triste del mundo… justo cuando apareció Él batiendo sus alas con exhibicionismo.

No hacían falta gestos, ni señas; significaba la guerra a vida o muerte. La causa era que Él poseía el corazón más grande alguna vez conocido, multiplicando sus emociones por infinito. Tan rápido sentía amor, pasional, como odiaba al ser más inocente. Cuando ella dejó de ser fiel a su pensamiento, la desterró. En el fondo, jamás le amó pero el miedo obró.

Sin pararse a pensar, con sus últimas fuerzas, ella le clavó la lanza en su pecho. Su herida empezó a petrificar al igual que su cuerpo. La muerte la abrazaba.

-          Lo siento… - susurró Él. Su último deseo.


21 mars

Incertidumbre.

A partir de ese tercio se acabó la lógica de apariencia racional que hasta entonces había configurado tu vida, un hecho que retorció el sentido de la historia y te abandonó a tu suerte, a oscuras. Buscaste, astuto, un culpable. Una razón que pudiese hacerse cargo de todos los sentimientos que te embargaban. Por contra, no lo lograste. Se prolongó la agonía del desconcierto, del no saber hacia qué camino dirigir tu vida porque no existe tal.
Vagaste por mil mares mientras tenías como guía solo a la nada. ¿Durante cuánto tiempo de raíz de eternidad fue tu fiel compañera? ¡Qué pregunta sin respuesta...!

Ansioso de completar tu puzzle en el que no encajaban ni las dos primeras piezas que el azar te había entregado, te arrimabas a cualquier pista que pudiese encauzar tu triste causa. Pedías lo que fuese, desde un amor traicionero que acabase del peor modo que pudiesemos imaginar hasta un hecho tan monótono como apartar el polvo olvidado de una estantería.

Y el afán de controlarlo todo que te perdía más que nada, se convirtió en culpable de tu ceguera pasajera... ¿Un remedio? ¿Una solución? ¿Un chas rápido? Alguien me dice que a día de hoy, aún sigues esperando...


22 février

Imaginación.

Hoy vino sonriente a visitarte, y te miraba con su rostro dulcificado para la ocasión. Te dijo muchos secretos: unos verdad, otros pasión, algunos agonía, casi todos, pura saciedad propia. Y tú, como muchos de nosotros, creímos en ella: dejamos que penetrase en la mente, que no le pertenece; a continuación la consideramos inocente de todos sus relatos para, finalmente, dejar que juegue a las escondidas con nuestros pensamientos. Ella sola es capaz de encargarse de hacer mentiras las verdades más insanas.

Es ahí cuando destroza tu realidad. Predeterminada por sus incoherencias de las que tú no has logrado darte cuenta, vas dispuesta a ser descubridora. Según ella, te ha engañado. ¡Nadie tiene el derecho de hacerte eso!, argumentaba. Y tú, pura e inocente, has caído. Y así le has acusado de traiciones singulares: desde amores desvalidos que jamás te confesó hasta mil vires experiencias que nunca vivió.

Y así terminó vuestra historia, la historia triste que rompió imaginación.

29 janvier

Tic-tac, tic-tac (III).

Perdida la noción del tiempo, decidió que no podía quedarse allí parada. No conseguía recordar nada de lo que habría podido traerla aquel inhóspito palacio de cristal helado. Realmente, no conservaba ningún elemento en su memoria anterior a su caída. Y ya se sabe que sin ella, no somos nadie. Tan solo una marca en su brazo, que parecía hacía años que había cicatrizado, realizada con el corte de algún arma blanca la identificaba: Achlys. Se pasó la mano varias veces mientras su cabeza intentaba descifrarla.

- ¿Ach-Achlys? Ese es mi nombre, ¿no? - fueron sus segundas palabras.

En su interior, aunque ella lo negase, quería oír una respuesta afirmativa. No obstante, no tuvo esa suerte.

Se acercó a una de las ventanas que adornaban la habitación. A través de ellas, vio que afuera la naturaleza estaba debastada y cubierta por nieve, en una tormenta total que azotaba la tierra.
Siguió con la mirada fija en los rayos que caían del cielo sobre los pocos árboles que quedaban en pie, y la bravura con la que el mar rompía contra las olas.

De repente, la única salida que se encontraba al fondo del espacio se entornó un poco... y aquel olor tan repugnante salió para invadirla por completo. "Si estoy aquí es por algo que hice, ¿verdad? No sé si me escuchas, pero iré hasta allí", pensó para sí mientras se acercaba examinando todo lo que había a su alrededor. Lo último que se preguntó antes de adentrarse fue por qué no había un solo mueble, ni un cuadro, ni alguna decoración... Solo hielo.

Tic-tac, tic-tac (II).

Se despertó con una sensación pegajosa en sus ropas y en su rostro. Sin abrir los ojos, no todavía, había comenzado a palpar con sus manos suavemente la superficie en la que se encontraba justo cuando sintió un fuerte hedor proveniente del interior del lugar.

Se animó un poco, temerosa, a seguir adelante. Lentamente levantó los párpados y vio lo que jamás se esperó: parecía ser su mayor pesadilla... Quedó petrificada ante tal acontecimiento. ¿Qué más sino podría ser? Una gran sala, tal vez correspondiente a la de un sobrio comedor, se alzaba ante ella. Parecía estar construida en su totalidad con mármol, pero era muy resplandeciente como para serlo... y también demasiado fría. Acarició con suavidad el suelo aún sin incorporarse del todo, y enrojeció debido a las bajas temperaturas que la aclimataban. Se apoyó en una columna cercana a ella para intentar levantarse, pero el efecto fue el mismo.

- Hielo... - susurró.

Dirigió una mirada incrédula a su alrededor, envuelto en una capa de hielo que llegaba hasta el techo. El vaho salía de su boca a cada respiración mientras se encogía sobre sí misma e intentaba buscar en su memoria algún recuerdo de ese lugar.

28 janvier

Y así, y ya está.

Enganchada a viejas pasiones,
se deshace de sus penurias.
Acomoda en
su maleta
un par de fotos, un par de historias,
un otoño sin fin, un invierno sin retorno.

Amarrada a un fondo de hielo,
taciturno, helado, moribundo,
y sobre él, el mar que amarga.
La eternidad la agota,
y nada entre olas de hierro y márfil.


Prisionera del tiempo y del espacio,
aguarda en su cárcel, atada,
la que afirman que es su morada.
Pero un día el tiempo murió
y el espacio se acortó.

Cortadas sus cadenas,
los sueños vuelven a ella.
Las ganas de sentir, de emocionarse,
buscan el sendero aún no olvidado.
Todo sabe a libertad.

Y recogió su maleta, casi vacía,
no porque no hubiese lugar para más,
no porque no hubiese nada que agregar,
sino porque se quedó escondido,
encerrado con sus entrañas.

Cogió el primer tren que llegó.
No se fijó en su destino,
ni cómo volvería algún día,
tan siquiera en si lo haría.
Tal vez Londres, tal vez París.



24 décembre

Tic-tac, tic-tac (I).

Tic-tac, tic-tac. El antiguo reloj de la pared marca al compás, sin detenerse. Aquel era un extraño lugar, lleno de objetos viejos cubiertos por polvo y telarañas: desde viejas alfombras hasta armarios rebosantes de probetas resquebrajadas por la humedad y el moho; algunos arcones totalmente vacíos salvo por pequeños insectos que se incrustaban en sus maderas; bastidores, telas, algún que otro antiguo retrato... Sin duda había sido el más estrambótico que había pisado jamás.

Y allí, en un rincón, yacía su cuerpo. Se encontraba pálido por la pérdida de líquido, que creaba un charco rojo pasión a su alrededor. Las manos caídas, una sobre su pecho y la otra aún sujetando la copa de vino, ya mezclado con su sangre, hacían de él una posición totalmente forzada.
Sus labios no habían perdido el color carmesí debido a la viveza que le daban, mientras que los ojos estaban clavados en el reloj. Tic-tac, tic-tac. El ruido era ensordecedor. ¿Por qué no paraba ya?

De repente, la madera de las ventanas crujieron de golpe, abriéndose de un modo tan rudo que chocaron contra sus respectivos lados de la pared. Y allí no había nadie, pero alguien parecía reír como hacía siglos que no lo hacía.

8 décembre

Hipocresía.

Te ha abierto un cielo de esperanza entre tanto lodo que te consumía. Hizo que todo fuese un poco mejor, aunque sólo fuese un poco. ¿Y ahora qué? ¿Lloras desolado al enterarte de la realidad? No fue fácil asimilar que ante los demás, para ella eras un muñeco de trapo, como los que usaba en su infancia donde nunca aprendió a diferenciar juego de vida. Mientras ella te juraba un "te aprecio", a él le desmentía con un "no vale nada". Y así jugó contigo, ingenuo de ti. Estabas en sus manos, atrapado en una maraña de sentimientos que iba a mantener hasta que no te cayeses de bruces contra la verdad. Y caíste, ya lo creo que sí. Pero ésa mentirosa no iba a entrar en dentro de ti otra vez; jamás. Fue aquella que terminó de llenar la mitad del vaso para dejarlo completamente vacío al final.
30 novembre

Ahí te quedas, Soledad.

La Soledad me miraba curiosa por la ventana, una mezcla entre extrañada y divertida. Esa noche, que ella esperaba encontrarme en mi más infame desesperanza como cada día, como cada anochecer, vio que sonreía.

Al principio no daba crédito a lo que se transparentaba, creyó que me había vuelto loca; más tarde, se aseguró de que había contemplado bien esa imagen del recuerdo grabada con tinta imborrable para, por fin, deducir que indudablemente había perdido la razón.

Yo estaba tumbada en la cama, entre sus brazos. Jamás había sido tan feliz. No voy a dar detalles de quién es, ni de sus ojos, ni de su nombre, su lugar de residencia o su sonrisa, ¿qué más da? Tan solo era él y con eso bastaba.

Sin embargo, la Soledad seguía sin entender el por qué de mis sonrisas, de mis miradas juguetonas a la nada. ¿A la nada? ¡Pero si allí estaba él! ¡Yo lo había visto con mis propios ojos! Y me abrazaba y me besaba como nunca... no podía ser una ilusión.

Y la Soledad se fue a llamar a las estrellas. Desafortunadamente para mí era muy tarde, les dijo. Las estrellas fueron corriendo al lado de ella para ver qué ocurría. ¡No podía ser verdad!

Me vieron inmersa en mi felicidad, atónitas.

- Pero, ¿qué hay de malo en esto? - preguntaron las estrellas.
- ¿No lo veis? Está besando a la nada, está hablando con algo que no existe, que no ve. Grita que lo ama, pero allí no hay nadie. Ni gestos, ni dulzura. ¿No veis como abraza a su almohada? Definitivamente, no aprendió a vivir. ¿Es que no lo veis? Quería un poco de amor, pero no de esta manera - argumentó la Soledad.

Las estrellas se empezaron a preguntar por qué decía aquello. Sin duda, allí seguía yo, abrazada a él y entrelazando palabras que no vienen ahora a esta historia. Entonces, ¿a causa de qué se debía todo?

Ellas comprendieron la realidad. Había encontrado mi camino, mi ilusión. La Soledad que venía a buscarme se había encerrado en mentiras del pasado; sin duda, ella misma se había jugado una mala pasada. Pero yo no iba a volver, se acabó. Y yo la había abandonado, al fin. ¡Qué cruel me siento ahora! Y era la Soledad, la que se había quedado sola.

10 novembre

Y busco.

Hoy salgo a buscar entre los atascos, o en la población que va y viene por la ciudad con un rumbo preestablecido, pensando en qué viene ahora y no en el sol que luce en ese momento ahí arriba. Y si hace falta entre el estrés y en los grandes montones de folios llenos de apuntes. Y no la encuentro ni en entre los libros, ni al asomarme al balcón en una de esas tardes heladas de enero... ni en ningún lado.
 
Sigo mirando en todos lados, buscando eso que me hará ser libre. Sigo buscando en todos lados, mirando aquello que me hará sentir otra vez. Sin embargo, el efecto es el mismo: nada.
 


12 octobre

Dime para qué lo necesitas.

De entre sus manos, resurge algo rojo. Palpita con dificultad, casi ahogado por ellas... ¡Avariciosas! Lo quieren para sí mismas, sin importales lo que pueda estar sufriendo. Le roban su libertad, dejando que la sueñe y la añore para atormentarle. Le prohiben respirar; argumentan que no sirve de nada.

"¿Para qué necesitas hacerlo si estamos aquí nosotras, que te lo damos todo?", le dicen entre risas mientras aprietan más. Su último aliento se encuentra tan próximo...

Y él aguanta, porque a pesar de todo cree ser muy fuerte. Decide que no ha llegado aquí para nada. ¡Qué valiente y qué ingenuo eres! Esas manos pálidas, frías pero bellas al mismo tiempo, siguen sustentando su vida. ¿Acaso no vas a darte por vencido de una vez?

Pero todo comienzo tiene un final y todo final posee el suyo propio. Y así, entre palabras transcritas en un tiempo indefinido, su agonía pudo.

Pequeñas lágrimas rojas nacían de su interior, resbalaban por él lentamente, acariciándole con una suavidad tan perversa para acabar surcando sus manos... Lo sabía. Del mismo modo, su resplandeciente brillo se fue apagando hasta convertirse en algo inerte, una masa putrefacta de color negro; ésa que ya no siente ni padece. Ya se había apagado por completo, sin embargo, desde algún lugar no muy lejano seguían riéndose. Buscando una nueva víctima, ¿verdad?

Algunos lo llaman corazón, pero no entendían el significado que encerraban esas palabras. Esas manos siguen jugando a día de hoy, detrás de lo más valioso que se tiene.

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1 octobre

Llovía...

Llovía, tal y como hoy. Paseaba por el puerto de Bilbao arropado por un paragüas roído por el tiempo y un viejo abrigo, que le daba cierto aspecto desaliñado. Caminaba con paso cansado, como si su avanzada edad le impidiese hacerlo de otro modo. Sus pobladas cejas y su pelo empapado por la humedad en esos días en los que el cielo lloraba sin tregua apenas le dejaban contemplar del paisaje.

El lugar estaba desierto y todos los barcos permanecían amarrados en su numeración correspondiente. Bajo su cabeza, una capa gris se hacía notar desde varios kilómetros a la redonda. Sin embargo, no le importaba mojarse una vez más.
Al mismo tiempo, los charcos se iban llenando con el agua que seguía cayendo sin parar desde que había retornado su camino hacia allí.

De repente, se paró en seco. Fue como una de esas veces en que hace mucho tiempo que no vas al sótano. Empiezas a revolver entre las mil cajas que se encuentran allí, sin esperar descubrir nada que te sorprenda. Y es entonces cuando lo ves, recuerdas la maraña de sentimientos que entrañaron lo olvidado y duele. Simplemente duele.

Después de tantos años, volver a ver esa marca en un banco, que delimitaba un pequeño paseo con el puerto, le hizo sentirse inútil, pequeño. Grabado en la madera, perdurando al tiempo, a la lluvia y hasta al espacio.

¿Cómo podía haberlo olvidado? ¿Tan sencillo era deshacerse de un hecho así? Habían pasado quince años, en los cuales no había tenido el corage y la idea de volver.
Pero aquellas iniciales lo decían todo. Lo bueno y lo malo, lo doloroso y lo lleno de felicidad, lo que rompió esperanzas y lo que las unió. Todo.

Asombrado, tiró el paragüas en el suelo y echó a andar. La acarició con la mano temblando a causa de la vejez, en la que habían aparecido misteriosamente un par de gotas de agua, y se preguntó por qué.

3 septembre

Ella.

Olvidó la oscuridad de sus garras,

anheladas por su fondo herido.

Dejando atrás las dulces miradas,

sin recordar las tardes grises de abril.

 

Rozó por último anochecer

la mariposa helada de su compañero,

fúnebre ya su alma,

muerto ya su corazón.

 

Recordando a los olvidados,

recogió sus penas y lejos huyó.

Dio por perdido lo levantado

pero jamás mostró su interior.

 

Ella,

la que ríe

y la que sueña.

Ahogada ahora en su propia miseria.

 

Y después de recorrer sin luz

los castillos antes pintados

como mil flores de ilusión,

subordinó su deseo.

 

Y después de saborear sin ganas

tantas estrellas azules

como se le permitió,

subordinó su deseo.

 

Y después de sentir, alocada,

mil experiencias vividas

como una segunda oportunidad,

dejó libre a su espíritu para elegir.

 

Ella,

la que sufre

y se condena.

Ahogada ahora en su propia miseria

 

Salió, aún insoluble,

tras aquel amor destruído

con esperanza alguna

de recuperar la pasión.

 

Recorrió bosques nevados

llenos de estepa helada,

tupidas por vegetación sin aliento

habitados por la soledad.

 

Volvió a los antiguos ríos

abandonados ya tras la sangre.

Regresó a los palacios

que un día su sonrisa vislumbró.

 

Ella,

la que olvida

y perdona.

Ahogada ahora en su propia miseria.

 

Y una calurosa jornada

habiendo sucedido ínfimas penalidades,

se encontró como en la primera vez:

muda, sin habla, esperando su risa.

 

Allí estaba la dulce mariposa de su alma,

coloreada de mil formas,

sus alas dibujadas

en su rostro sin retorno.

 

La incrédula joven se acercó,

cuidando de no revivirla del todo,

al árbol donde había nacido,

al árbol donde iba a morir.

 

Ella,

la que se enfrenta

y no perdona.

Ahogada ahora en su propia miseria.

 

Aferró entre sus manos

el recuerdo que no le fue concedido,

aunque amado en el fondo,

más dolida por fuera.

 

Decidida a obviar otro futuro

clavó en las raíces sin latir

del que había sido su cariño

la dorada daga que le él había regalado.

 

Gritó ensangrentado.

Ninguna razón ya para llorar.

Y ella quedó deshecha entre

recuerdos de cristal, destrozada.

 

Ella,

la que asesina

y no perdona.

Ahogada ahora su propia miseria.

15 juillet

Soledad.

Hoy ella ha vuelto a culparte de algo en lo que no has tenido un papel de actriz de teatro, aquel volvió a reírse de tu débil corazón, aquéllos te señalan con el dedo por no ser quién debes bajo su inescrutable sentido y no hablemos de mí: tal vez yo sea la peor de todas. A tu alrededor hay mil personas, pero ninguna parece tener un pase de privilegio a tu propio mundo, cerrado a cal y canto por un candado de barreras que intentan protegerte de lo que no te ilumina. Te encuentras encerrada en la prisión de los días, que se niegan a subordinarse al paso del tiempo, y a la presencia de noches sombrías que te arropan en tu silencioso llanto. Y las palabras ya no son buenas consejeras, te mienten, no te son sinceras. Y las imágenes no tienen por qué reflejar la verdad de los pensamientos. Y las intenciones te defraudan al no ser hechas realidad por sus dueños.


9 juillet

Disfrutando de ella, de su muerte...

Sus ojos azules, fríos y muertos, clavados en un pálido cielo que acababa en los recodos del techo era la mayor atracción que había encontrado en mucho tiempo. Disfrutaba como un niño pequeño de ellos. Le encantaba la no expresión que poseían, su incapacidad de decirle nada al mundo.
 
Le parecía una gran diversión besar sus labios sin tener que forzarla, no esta vez. Juguetear con su lengua, aunque fuese sin respuesta alguna, manteniendo una tregua eterna impuesta por él. Ya no había marcha atrás.
 
Y acariciar así su pelo inerte sin que ella intentase echarse a un lado, como si su sólo roce supusiese el límite en su umbral de putrefacción. Y oler sus ropas, en estos momentos desteñidas en sagre y mezcladas con las últimas lágrimas que la joven dejó escapar, sin la necesidad de tener que atarla hasta la saciedad.
 
El misterio de todo esto era que no le importaba no volver a oír su extraña voz, no volvería a ver a su mirada intentando luchar contra él, no volvería a sentir su calor, a pesar de que le evitaba, al pasar por su lado. Aquella bajeza que había cometido se había convertido en la única forma de beber su esencia, matándola, importándole solo su corazón del cual pensaba aprovecharse para llevarse lo mejor de ella. Sin duda, así son los vampiros.
10 juin

De la tristeza, a dónde desees.

La primera vez que le vi recuerdo de él que sólo sabía pintar en blanco y negro. Tendríamos apenas cinco o seis años, pero sus miradas furtivas hacia mi mesa hacían despertar mi casi intacta curiosidad. 
Aquel día estaba sentado en soledad, tal vez imaginando alguna historia suya de unicornios y dragones, o quizás una de aquéllas que utilizaba para asustar a nuestros compañeros. Sin embargo, yo jamás le tuve miedo.
A pesar de las riñas de la maestra, él seguía yendo al mismo lugar sin la compañía de nadie, absorto en pequeños pensamientos fantasiosos que se entrelazaban, mientras comía poco a poco su bocadillo. Siempre de chocolate.
Yo observaba como continuaba su tarea, sin prestar atención a nada. Me fui acercando poco a poco hasta que asimilé que había entrado en su campo de visión; me había sentido. Sin levantar la cabeza de su bocadillo, apartó la mirada de la mía. Recuerdo que tenía el lateral del labio manchado un poco de chocolate.
 
- ¿Sabes? ¡No te tengo miedo! - llegué a decir, al fin.
 
De repente, noté cómo sus ojos negros se fijaban en los míos, divertidos. No obstante, no obtuve respuesta.

 
- Soy valiente y no me creo esas historias que cuentas. La señorita acabará por enfadarse... - continué en mi afán de superioridad. Tenéis que comprender que era la mayor de la clase, y en mi pequeño mundo para mí eso significaba cuidar del resto y ser la más valiente del recreo.

Pero esa vez no se quedó sin hacer nada, sino que me sacó la lengua con gesto de burla. Aquel acto supuso para mi el asombro de mis amigos, que miraban lo que ocurría unos metros tras de mí.
 
- ¡Hala! ¡Lo que te ha hecho, Claudia! - gritaba uno a mis espaldas.
- Voy a ir ahora mismo a decírselo a la señorita para que le castigue. - repuso María, con ansias de contárselo a alguien pronto.
 
A los pocos segundos todos se habían retirado y yo me fui tras ellos, creyendo para mi misma que esto no se quedaría así.

La maestra no hizo nada. Sólo le puso como castigo copiar de nuevo las consonantes y las vocales cinco veces durante el recreo siguiente, y así mi incrédula indignación crecía cada día.
Sin embargo, dos días después la señorita me invitó a pedirle perdón, aunque yo siempre lo vi como una obligación.
 
- Como buenos compañeros, tenéis que respetaros y quereros. - me repitió durante la charla.
- ¡Pero... pero si él empezó a sacarme la lengua! - protesté.
- Claudia... - repetía otra vez, y así comenzaba su juego de nuevo.
 
En apariencia, los padres de él habían ido a hablar debido a su extraño comportamiento y a las fantasías que azotaban su cabeza.
Le volví a ver solo en la clase siguiente mientras teníamos que pintar un bosque con sus animales y todo. Me fijé de reojo que volvían a estar en blanco y negro; nunca cambiaba. Entonces, decidida, llegué yo y le enseñé a pintar en colores.
Desde entonces, jamás nos separamos. Me pasé una semana intentando escribir este recuerdo lo mejor posible para no olvidarlo nunca y, por casualidad, no se fugó ni por sí mismo. Ahora miro sus ojos negros y veo en ellos el color que faltó en sus primeros momentos de vida, al igual que yo poseo la fantasía que era innata de él.

6 juin

¡Déjala!

¡Déjala!

No seas egoísta,

no le robes sus recuerdos.


Lo único que le quedaba

eran tus amenazas de irte,

abandonarla.


Su día tras día,

aguantando un adiós sin cumplir,

se acabó ahogando sin remedio.

 

¿Y ahora vuelves pidiendo

un perdón que se resiste?

¿Dices que la amas, cuando

tan siquiera sabes lo que sufre?

 

¿Y ahora que su luz ha vuelto

tienes miedo de no poseerla de nuevo?

¿Decías que era tuya, cuando

no se descubre tu nombre en su rostro?

 

¿Y ahora que por fin será paloma con vuelo

oras para que las vidas se enlacen, sin libertad?

¿Dirás que fue culpable, cuando

se sienta dichosa en ese cielo cercano?

 

¡Déjala!

Ella recuperó sus días,

sus esperanzas volvieron,

sus alas rotas resurgieron,

sus labios huyeron

a un paraíso al que

no desea renunciar,

no por ti,

no por nadie.


6 mai

Desesperanza.

Su mirada quebrada ha dejado de reaccionar ante cualquier estímulo: excepto sus lágrimas, allí no que nada más. No quiere hablar acerca de lo que pasó. Si lo intentas tan solo consigues un grito ahogado que parece provenir de su putrefacto interior, antes lleno de luz. Su mente, para avivar esos destructivos sentimientos, ha inventado que ella tiene la culpa de todo, haciendo que se sienta sucia, asquerosa. Ya no tengo derecho a nada. Han dejado mi alma y mi cuerpo sin lo mejor de ellos mismos, tiene a su alrededor, sin importarle quién o qué pueda estar ahí, para desahogarse de la impotencia que siente. Y grita, y vuelve a gritar hasta que queda exhausta y no puede más; no ve otra solución. Sin embargo, piensa mientras recuerda con rabia y odio cómo había sido despojada de su inocencia, a pesar de que no se lo merecía. En un minuto pasó de ser todo vida y esperanza para quedarse en alguien que no siente, no sueño y que sólo es capaz de odiar a cualquiera que intente tocarla. Está realmente convencida de que conseguirá contagiarles su pena. Cuando no llora, debido a que ya no le quedan más fuerzas, se divierte rompiendo todo lo quego, y en oposición a todo lo que ella verdaderamente creía, tal vez llegará él. ¿Tal vez pueda sacarla de ese infierno? ¿Llevársela de vuelta a otro cielo? No estoy segura de ello, pero al menos podrá volver a reinar la ilusión.


2 mai

Ausencia.

No sabes el desgarre que ha sentido en su alma, en su corazón y en todo su ser al enterarse de que ya eras sólo olvido; que todo acabó para ella, que todo acabó para ti. Nadie esperó ese final en el que todo su alrededor prometía que esto iba a salir bien, que no tenía nada que temer. Y gracias a esas sucias mentiras despiadadas, que según decían no fueron intencionadas, rompió con sus miedos, miró hacia adelante y luchó por un sueño que ella creía con futuro y os traería la libertad. Pero aquel juego de trampas, espinas y recuerdos fallidos, murió y con él, se esfumaron los sentimientos que os habían unido: la pasión, la ansiada franqueza, el dolor desmembrado. Ya no quedaba nada. ¿Acaso no esperaba ese trémulo final? ¿Realmente no aprendió a ver qué había detrás? ¿Tan difícil fue vuestra separación que ahora la veo tumbada con la vista hacia un cielo que ella ve negro a pesar de que es más azul que la propia claridad del día? La oía llorar por las noches, desalmada, hasta que decidió huir de todo, dejarlo atrás y olvidarte. Todavía aún se murmura que tan solo lo hizo por cobardía, pero yo sé que fue por dolor a la ausencia y amor.



20 avril

Réplica.

Después de mucho he vuelto. Y ahora, ¿qué se supone que debo hacer? Si cuando te miro a los ojos, a pesar de que es una realidad que su color sigue tan cálido y apacible como siempre, ésos no son los tuyos; no me miran de la misma forma y, aunque ya no lo creas, sólo consigue quemarme por dentro.

 

No sabes lo que siente al oír de esa voz tan dulce, que antes silenciaba a mis más profundos pensamientos si estabas cerca, palabras que murieron antes de hacerse palpables a ninguno de mis sentidos y que ahora, aún no sé por qué, han cambiado de destinatario.

 

¿Y qué hay de cuando pasas por mi lado y yo, esperando esa sonrisa de tiempos pasados, tan siquiera me miras de reojo y me dedicas un seco adiós que acaba conmigo de una sola vez?

 

A veces lloro y, lo que antes era un abrazo que hacía desaparecer todos los males, ahora es una palmada en el hombro para que el trago se me pase lo antes posible, pero sin darle importancia.

 

Porque ya no eres tú. Tan solo eres una réplica, una sombra, de algo que quedó en mí y que dejó de palpitar en ti. Por más que lo intente, no lograré más.

 

Réplica*

5 avril

Desgarrada, acabada, sin sentido.

Las sombras se fueron acercando lentamente buscando su principio acabado. Mientras tanto, su alma seguía desorientada, sabiendo que tal vez no saldría de ésta.
 
Era de una de esas escasas almas cuyos errores superaban a sus virtudes; lo mejor de ella era que estaba orgullosa de que esto fuese así. Su completo estado de tristeza permanente le hizo sentirse fuera de todo. ¡Le dolía tanto no haber encontrado todavía su lugar! Jamás supo lo que fue una caricia o un te quiero de cualquier sentido hasta que no llegó su trémulo final. Tampoco logró mantenerse más de unos instantes cerca de su luz. Cada vez que lo intentaba, sin saber cómo, la oscuridad acababa apareciendo y se cernía con ella, sin compasión ni melancolía alguna.
 
Y así siguió errando en soledad, escapando de las sombras y oscuridades que querían terminar de apoderarse de ella. Pero al fin tuvo que llegar. Sus largas garras comenzaron despacio a rastrear su resquebrajado corazón o, al menos, los pedacitos que aún quedaban de él; ya había muerto demasiadas veces para volver con la misma fuerza que antes había llenado con su ingenuidad y pasión.
 
Poco a poco, penetraron en él y un ahogado grito salió de su más profundo ser para empezar a sangrar. Pequeñas gotas como lágrimas de fuego nacían de su interior, convirtiéndose al final en chorros que acabaron con ella.  Daba auténtico pavor ver el modo en que moría: desgarrada, acabada y sola.
21 mars

En un minuto, todo cambia.

En un minuto,

él deja de besar tus labios

para comenzar el llanto.

 

En un minuto,

se tuerce aunque no lo quieras,

para acabar peor.

 

En un minuto,

todo empieza de nuevo

pero con otro cielo.

 

En un minuto,

la oscuridad vuelve a ser

la luz que perdiste.

 

En un minuto,

se deshojan las palabras que

un día te prometieron volver.

 

En un minuto,

la vida da un sorprendente giro

que te cambia sin pensarlo.

 

En un minuto,

los sentimientos se transforman

en otros distintos.

 

En un minuto,

una lágrima derramada

se convierte en una sonrisa.

 

En un minuto,

un te quiero se reemplaza

por un te olvidé.

 

En un minuto,

el azar nos juega una mala pasada

pero tan siquiera lo siente por mí.

 

En un minuto,

los pensamientos que corren por tu mente,

cambian.

 

En un minuto,

cierras los ojos

y sueñas con el ayer que no volverá.

 

Porque en un minuto

tu respiración se corta,

los caminos se separan,

los lazos se deshacen,

el corazón deja de latir.

 

Porque en un minuto

todo puede suceder:

puede cambiar tu vida,

tu forma de pensar

y hasta aquello que sentías.

 

Porque en un minuto,

todo ve su principio;

todo ve su final.

13 mars

No todo dura eternamente. Acéptalo.

* Fin *

 

No sé cómo empezar

y tal vez esto sea lo más triste de todo.


Jamás pensé que iba a haber un final;

no esta vez.

 

Todo parecía ir bien,

que nada  iba a ocasionar una decepción.

 

Pero una vez más me equivoqué,

y nuestra realidad se rompió.

 

Y lo prometido ya no tuvo sentido.

 Y lo olvidado volvió sin piedad.

 

No conseguí recomponer los pedazos,

aquellos que yo misma destruí.

 

El orgullo pudo más que nosotros,

que todo lo que vivimos.

 

Que  se va en una fracción de segundo,

sin pensar en las consecuencias.

 

Que el tiempo ha pasado

y ya no será igual otra vez.

 

Que tú has cambiado,

pero siento decirte que yo aún más.

 

Algo bueno siempre se quedará en mi

después de todo esto.

 

Y de mi mente, de mis recuerdos

y de mi corazón, no te irás.

 

Al igual que sé que de algún modo,

siempre estaremos unidos.

 

A pesar de que para ti,

todo está completamente muerto.

 

Y ahora, después de haberlo intentado,

sé que sólo nos queda ese frío adiós. 

 

* Comienzo *

 

Ya no son los mismos ojos

los que me dedican esa alegre mirada.

 

Ni tus labios los que susurran mi nombre,

buscando una excusa para hacerlo.

 

Tampoco eres tú el que está ahí

cuando todo va mal.

 

Porque ahora es otra ciudad,

otra persona, otra vida, otra alma. 

 

Si algo averigüé,

es que debo aprender de mis errores.

 

Y ya no volví a usar el adiós,

para acabar de la forma más rápida. 

 

Porque esta segunda oportunidad,

no la voy a despreciar.

 

Al fin superé los obstáculos,

seguí adelante y te olvidé.

 

Ahora sólo eres una imagen borrosa,

un recuerdo y nada más.

 

Algo de lo que viví,

y que fue imposible de reemplazar mientras duró.

 

Cuando todo está perdido,

podemos aceptarlo.

 

O lamentarnos de algo que, desde luego,

no piensa regresar.

 

Así que no te preocupes,

que yo ahora estoy feliz.

 

Mi vida, completa, sin un hueco ni vacío.

¿El tuyo? Ocupado otra vez.

 

¿Y lo que fuimos?

Algo que pasó.

 
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